OPINIÓN

LA GRRRAN JEFA.

Hace poco, recordé esta historia que en aquel tiempo no me pareció tan divertida como ahora, aunque debo reconocer que lo es.

Estaba yo estudiando el segundo semestre de Arquitectura (ciertamente, estudié la carrera completa, aunque ahora me dedico a algo muy  diferente, e incluso trabajé varios años en este oficio).

Yo tenía conocimiento de que en la universidad había una asociación de liderazgo estudiantil con poder para tomar desiciones dentro de la Institución, y en cierto modo, eran temidos por el cuerpo docente de la universidad, puesto que eran muy organizados y belicosos.

Yo no sabía mucho más acerca del tema, pues en aquel entonces trabajaba toda la mañana, hasta las tres de la tarde y llegaba corriendo a  la universidad, comiendo cualquier cosa en el trayecto, para permanecer en la facultad hasta las 10 de la noche y luego llegar a mi casa de hacer tarea.

Y al día siguiente lo mismo. Ni tiempo ni ganas de andar formando parte del grupo de líderes estudiantiles ni de ninguna otra organización.

Inclusive, gran parte de los fines de semana, me los pasaba poniéndome al día, pues los trabajos, planos, y maquetas entregar eran interminables.

En fin, aquel semestre, apenas entrando al salón, un maestro rubio, alto y con fuerte acento alemán en su español, comenzó a pasar lista, para conocer a sus alumnos del periodo en curso.

De pronto, al leer mi nombre en voz alta, una vez que levante mi brazo para indicarle que era la dueña del apelativo mencionado, me señaló con su mano:

“¡Ah! Miren que afortunados somos, que nos ha tocado la Grannn Jefa

en este semestre – Exclamó.

Todos los demás alumnos voltearon a mirarme, me di cuenta que se refería a mi, y no tuve idea ni referencias acerca. de  su pensamiento. Pero en ese momento no me pareció importante su aparente confusión.

– ¿Porque te llama así? – Me preguntó otra compañera, y me encogí de hombros, puesto que no tenía la menor idea.

– Mientras no la tome conmigo, que me llame como quiera- le respondí.

El profesor Hetch, así era su apellido, tenía fama de existe, voluntarioso, resentido tal vez. Su porcentaje de alumnos reprobados era altísimo, y esto resultaba desconcertante, porque jamás llevaba a cabo un examen.

De hecho, que yo recuerde, no enseñaba nada. Se pasaba la hora de clase quejándose de la escuela, de las autoridades, del país.

Además, con el fuerte acento, muchas de sus palabras eran difíciles de entender.

Todos en el grupo, estábamos descorazonados porque no veíamos que está clase pudiera tener un buen desenlace para nosotros. Pero no nos quedaba otra más que llegar al final del semestre y ver en qué terminaba aquello .

Cuando ese momento llegó, el profesor Hetch entró al salón de clases con papeles e una mano y una pluma en la otra.

Carraspeó para aclara su voz, y por segunda vez en todo el semestre, mencionó nuestros nombres, uno tras otro.

Para entonces, éramos pocos los que seguíamos asistiendo. Varios compañeros habían abandonado la clase, considerándola una pérdida de tiempo.

Y tenían razón. No aprendimos nada.

El profesor fue diciendo los nombres, uno tras otro. Miraba al alumno que respondía, hacia una breve reflexión y soltaba una letra, que era la calificación final de aquel extraño semestre.

Llegó mi turno, y nuevamente alcé mi mano.

– ¡Ah! La Grannn Jefa. Ya sabemos cuál es su calificación, ¿Verdad?

¿Sabemos? El ni siquiera se enteró, en todos esos meses, que me estaba confundiendo con otra persona. Ni yo, tenía idea de quién podría ser la verdadera gran jefa.

Pero me llevé la más alta calificación.

Afortunadamente, no hubo otros maestros tan nefastos como éste, hubo muchos buenos y otros excelentes en el resto de mi paso por la facultad, con excepción de los que me correspondieron en el seminario de tesis.

Pero esta, es otra historia y se las contaré si así lo desean, la próxima semana.

Con amor e inmersa en mis recuerdos,

Marissa Llergo.

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