OPINIÓN

EL PODER DE LAS EMOCIONES PARA DECIDIR EL VOTO.

¿Qué influye más al momento de decidir por quién votar? ¿Las emociones o las razones?

Se afirma que los seres humanos somos racionales. Pero muy a menudo nos convertimos en esclavos de nuestras pasiones. En nuestro interior se vive diariamente una batalla entre dos fuerzas antagónicas: impulsos contra razones. A veces gana la nobleza de nuestros sentimientos y en otras, se alza triunfante el pragmatismo.

Cuando decidimos por quien votar suele ocurrir lo mismo. Muchos ciudadanos hacen un cálculo costo-beneficio para elegir a su candidato. Privilegian las razones. Otros se rigen por sus fobias. Se guían por las emociones.

Hoy la ciencia política acepta que las emociones definen gran parte del comportamiento electoral.

Así que ¿Quién cree usted que ha sido más hábil para tocar las emociones de los electores en esta campaña? ¿Meade, Anaya o Andrés Manuel? El dato es importante porque está comprobado que el voto es mayoritariamente emocional.

Por ello los candidatos conceden enorme importancia a esta cuestión y sudan la gota gorda para ganar todos los días las emociones de los electores. Porque conquistar el corazón de los votantes incrementa las posibilidades de triunfo. Y para conseguir este objetivo los mensajes de campaña son fundamentales.

Hay candidatos bastante hábiles para manipular las emociones de los votantes. Interpretan a la perfección lo que están sintiendo los electores y les dicen lo que quieren oír. Sus mensajes tocan fibras muy sensibles. A través del poderío de su palabra obtienen la devoción de millones de ciudadanos.

Hay otros que nomás no se les da eso de emocionar a los electores. Se ven inseguros y falsos. No convencen. No tiene carisma. No animan. No hace vibrar el alma.

En la actual contienda electoral por la presidencia de la república se pueden identificar dos estrategias de guerra psicológica que manipulan dos emociones muy primitivas, propias de nuestra naturaleza instintiva: el miedo y la ira.

Por un lado Meade y Anaya intentan meter miedo contra López Obrador tachándolo de ser la encarnación misma del demonio. Lo comparan con Hugo Chávez, Luis Echeverría, Nicolás Maduro y hasta con Donald Trump. Buscan aterrorizar a los votantes diciendo que Andrés Manuel es un populista, delirante, mesiánico, heraldo del pasado, un peligro para México. Que va a terminar con el bienestar que se ha logrado en muchos años. Que acabará con las reformas estructurales, los programas sociales y que buscará reproducir la experiencia venezolana en México.

De llegar el Peje a la Presidencia de la República –afirman sus detractores- habrá devaluaciones, huirán los inversionistas, habrá escases de alimentos, inflación y una catástrofe nacional. Viviremos el infierno tan temido.

La propaganda de Meade y Anaya busca activar los resortes del miedo en los votantes para ganar adeptos.

Pero hasta ahora y a 74 días de la elección la estrategia de terror no ha logrado bajar del primer lugar al candidato de “Juntos Haremos Historia”. López Obrador se mantiene como puntero en todas las encuestas. La última que se publicó el pasado 9 de abril en el periódico El Universal coloca al AMLO con un 42% de intención de voto, a Anaya con un 31.1% y a Meade con el 21.9%.

Entonces, ¿Por qué no ha funcionado la estrategia de estimular el miedo?

Creemos, como afirman varios expertos, que el enfado hacia el PRI y PAN tiene que ver con el hecho de que ambos partidos ya gobernaron en los últimos 17 años y se han desgastado. Perdieron credibilidad y los ciudadanos los culpan de los altos índices de corrupción, inseguridad e impunidad que asfixian al país. El cambio que prometieron nunca llegó. Por el contrario, lo que se extendió como enfermedad infecciosa fueron estas calamidades.

En contraste, Andrés Manuel López Obrador ha utilizado con éxito una estrategia que tiene como soporte aprovecharse de la irritación que fermenta en el ánimo social. Sabe que hay hartazgo ante tanta podredumbre. Por eso sus mensajes de campaña se orientan a denunciar éstas lacras y a provocar la ira de los electores. Además, se ha apropiado casi en exclusiva de la bandera del cambio ofreciendo terminar con las corrupciones y excesos de “La Mafia del Poder”.

Es tanta la ira que anida en el corazón de los ciudadanos y tanta la necesidad de creer que un mesías nos pueda salvar que ha tenido éxito. AMLO ha hecho surgir la esperanza ofreciendo utopías. Hoy es el candidato más fuerte y parecería que si no ocurre algo extraordinario ganará la presidencia de la república.

Como puede observarse las emociones son determinantes para construir actitudes y comportamiento electoral. Cuando un candidato logra influir en ellas aumenta sus posibilidades de triunfo.

Podemos concluir que en las campañas no sólo se contrastan propuestas, ideas y políticas públicas para seducir a los electores. Hemos visto que las emociones pueden llegar a triunfar sobre la razón. El voto es en gran medida emocional.

O, ¿Usted qué piensa?

CARAS Y CARETAS.

1. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) decidió hacer política y tomó partido. Legitimó la trampa. Ha ordenado al INE que se incluya como candidato presidencial al fraudulento Bronco.

Miles de ciudadanos piensan que Jaime Rodríguez Calderón debería estar en la cárcel y no en la boleta electoral, por tramposo. Con la inclusión del gobernador de Nuevo León decretada por el Tribunal Electoral se ha dado vía libre a este estafador para que realice el trabajo sucio.

2. Más feminicidios. ¿Hasta cuándo terminarán los asesinatos de mujeres en el estado? Tan solo en lo que va de 2018 ya se ha registrado 21 feminicidios.

Han fracasado los responsables de la red de instituciones que deberían impedir esta tragedia. Sobre todo la Fiscalía General del Estado se ha visto rebasada e incompetente.

3. Mi solidaridad y reconocimiento a Margarita Ortiz Montoya por la valentía mostrada al denunciar su caso y por no doblegarse ante la burocracia de las instituciones impartidoras de justicia. Es un ejemplo para miles de mujeres que han sufrido violencia criminal.

Ramón Martínez García, alias ‘El Lagarto’ se pudrirá en la cárcel. Ha sido sentenciado a 111 años de prisión por los delitos de abuso sexual y robo. ¡Se ha hecho Justicia!

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