TAMAZUNCHALE

UNA TARDE QUE TAMAZUNCHALE NO OLVIDARÁ: LOMA BONITA, BAJO EL AGUA.

Lo que parecía una tarde más de lluvia se convirtió en una tragedia para decenas de familias del fraccionamiento Loma Bonita. Un arroyo cercano se desbordó tras la intensa precipitación, lo que provocó el colapso de coladeras y registros. En cuestión de minutos, el agua invadió calles y hogares, dejando a su paso dolor, pérdidas y un recuerdo difícil de borrar.

Los habitantes de este sector vieron cómo sus pertenencias eran arrastradas por la corriente: automóviles, electrodomésticos, muebles… y, para muchos, lo más doloroso: mascotas que no lograron ponerse a salvo. La escena fue desoladora. Algunos niños y adultos mayores quedaron atrapados dentro de sus viviendas, rodeados por el agua que no dejaba de subir.

Ante la emergencia, elementos de Protección Civil arribaron al lugar, pero no estuvieron solos. La sociedad civil respondió con valentía y rapidez. Vecinos del mismo fraccionamiento y de colonias cercanas se unieron para rescatar a los atrapados, demostrando que en Tamazunchale, la solidaridad no es un discurso, sino una forma de vida.

La movilización fue tal que incluso el presidente municipal, Adelaido Cabañas, acudió personalmente a la zona afectada. escuchó a los vecinos, coordinó apoyos y tendió la mano a quienes más lo necesitaban en ese momento. Su presencia no pasó desapercibida y fue recibida con palabras de aliento y agradecimiento.

“En los momentos difíciles es cuando se ve de qué estamos hechos, y Tamazunchale está hecho de unión, de entrega y de corazón”, expresó una vecina.

Desde los rincones más alejados del municipio, la ayuda comenzó a llegar manos dispuestas a remover escombros y abrazos silenciosos que decían más que cualquier palabra. Porque en Tamazunchale, cuando uno sufre, todos responden.

Loma Bonita hoy llora, pero no llora sola.

Entre el agua y la tristeza, resplandece una fuerza mayor: la del pueblo que, aunque herido, se mantiene de pie. Como en otras tormentas, Tamazunchale sabrá levantarse. Porque cuando la naturaleza golpea, la comunidad responde con algo más poderoso: la esperanza compartida.

Por: Félix Gabriel Hernández Zavala.

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