OPINIÓN

LAS ENCUESTAS ELEGIRÁN CANDIDATOS.

Las encuestas se han convertido en una herramienta muy socorrida para tomar decisiones en los partidos. Están sustituyendo el sentir de los militantes que ahora son relegados por esta técnica de investigación. Se vende la falsa idea de que las encuestas son neutrales y que no mienten al dar resultados. Se dice de ellas que son instrumentos científicos, objetivos, que no tienen compromiso con nadie.

Las encuestas son como el oráculo de Delfos. A través de ellas los dirigentes de los partidos políticos afirman poder conocer por anticipado lo que va a ocurrir.

Recurrir a encuestas para seleccionar a candidatos a puestos de elección popular proporciona a los que mandan en los partidos la coartada perfecta para imponer candidatos afines a sus intereses. Evitan con ello utilizar formas de democracia directa y participativa en las que intervengan los militantes y simpatizantes.

Acatando disposiciones acordadas por sus órganos de gobierno interno, tanto el PAN como el PRI van a utilizar preferentemente las encuestas como método de selección de candidatos a puesto de elección popular.

Por eso es importante en este momento hacer un análisis que ponga en entredicho la supuesta objetividad y neutralidad de las encuestas.

Falta mucha información acerca de la forma en que éstas serán diseñadas, aplicadas y auditadas en su pureza metodológica. Es decir, sería racional, por ejemplo, que un aspirante que se siente con suficientes méritos y base social para competir por una candidatura en un municipio o en una diputación se pregunte: ¿Quién decide a quién se va a encuestar? (La famosa muestra) ¿Los que van a aplicar la encuesta están capacitados y son neutrales? (garantía de imparcialidad, objetividad y eficacia) ¿Qué tan experimentada y honesta es la empresa responsable del diseño y aplicación de la encuesta? ¿Se va a admitir que haya observadores ciudadanos y de los precandidatos en todo el proceso de diseño, aplicación e interpretación de los resultados de las encuestas? ¿Podrán los precandidatos que pierdan exigir su derecho de revisión de la encuesta? (garantía de audiencia e impugnación).

Dar certidumbre, transparencia y confianza a los aspirantes respondiendo a estas y otras interrogantes que pudieran surgir, será de vital importancia para evitar que los precandidatos perdedores se rebelen. De lo contrario lo que se va a provocar es que los perjudicados en la contienda se sientan engañados y utilizados sólo para legitimar al precandidato que previamente ya se había decidido en lo obscurito por voluntad del “Dedo Supremo”.

La opacidad introduciría el “sospechosismo”. La sugestión en la mente de los perdedores de que las encuestas fueron manipuladas para beneficiar a equis competidor por órdenes superiores.

No hay que olvidar que en política hay malos perdedores y que tratándose de elecciones la sombra de la duda siempre está presente por tantos fraudes y engaños que se han cometido dentro y fuera de los partidos.

Queda claro que los dirigentes partidistas y quienes los mandan no quieren correr riesgos fatales al momento de seleccionar a sus candidatos. Les aterra que pudieran provocarse divisiones y abandonos de militantes como resultado de la forma en que eligen a sus aspirantes. Por eso los “Jefes” reales de los partidos, que por lo general

son autoritarios y antidemocráticos, optan por aplicar métodos cerrados que les otorguen mayores controles sobre el proceso de selección.

Por lo pronto en el PRI y en el PAN ya han decidido que utilizarán las encuestas para seleccionar a una porción importante de sus candidatos.

En diversas declaraciones a los medios de comunicación tanto Martín Juárez (PRI), como Xavier Azuara (PAN) han justificado la utilización de éstos estudios demoscópicos.

Llama la atención que el dirigente del PAN afirme que para el caso de los candidatos externos, llamados ciudadanos, se vaya a privilegiar a potosinos con alta rentabilidad electoral que precisamente serán seleccionados a través de encuestas. La apuesta es que estos candidatos externos sean garantía de triunfo por su trayectoria, honradez y vinculación con la sociedad.

En este axioma del dirigente panista se manifiesta una línea de estrategia que prevé que la contienda no va a ser entre siglas de partido sino de contraste entre trayectorias personales.

Resulta obvio que los panistas van a lanzar una agresiva campaña de contraste contra el perfil de los candidatos que promueva la actual corriente hegemónica de la zona metropolitana (PRD) y de los posibles candidatos del PRI, que entre otras cosas son acusados de actos de corrupción. (Ejemplo: caso Sandra Sánchez).

En cuanto al PRI lo más seguro es que también opte por ofrecer candidaturas a ciudadanos no militantes que acrediten mayor rentabilidad electoral que muchos de sus cuadros tradicionales.

Hay que recordar que en la última Asamblea Nacional del tricolor, acontecida el pasado mes de agosto, modificaron sus Estatutos para permitir que ciudadanos no militantes puedan ser postulados a cargos de elección popular. Con este cambio de reglas queda claro que el PRI reconoce el desgaste de sus élites frente a los electores. Además confirma que ha decidido escupir en la hoja de servicios (carrera de partido) de miles de militantes que fueron construyendo con esmero una oportunidad de ser tomados en cuenta para ser postulados como candidatos.

Enamorados de las encuestas como método de selección y enganchados en la “opción preferencial” por los “externos”, el PRI y el PAN se aprestan a seleccionar a sus mejores competidores para ganar las elecciones de 2018.

Parece que la suerte está echada. En el futuro veremos si esta jugada fue eficaz.

PD. “Tapaos los unos a los otros”. La elección de la nueva titular de la Auditoria Superior del estado vuelve a confirmar que no hay voluntad política de combatir a fondo la corrupción.

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